Los visigodos fueron un pueblo guerrero y orgulloso, que ademas sentían gran admiración por las formas militares de los romanos. Y una vez conformados como fuerza militar romana, y posteriormente como fuerza hegemónica en la Europa occidental, mantuvieron su estructura política de monarquía cristiana, pero le añadieron elementos romanos como podría ser la ceremonia del triunfo.
Como bien es sabido el imperio
romano se construyó gracias a la disciplina militar y a su ejército. El siglo
IV d.C. Los emperadores y sus respectivos césares vivían un estado de guerra
constante. Y esto había significado un aumento evidente de la presencia de
tropas auxiliares compuestas por pueblos exteriores al Imperio.
En el siglo IV, el imperio romano
era un imperio con un potente ejército distribuido por toda la geografía de sus dominios. Los “bárbaros” pasan por ser pueblos
guerreros por excelencia, unos pueblos donde los señores de la guerra que realizan
masacres allá donde van. Sin embargo los visigodos instalados en Hispania no disponían
de un ejército estable semejante al de los romanos.
Isidoro, que como ya mencioné,
admiraba al pueblo godo. Pero ¿Qué godos? Isidoro se refiere a los de la élite,
a los proceres, al comitatus, a los nobles que acompañan al
rey, a los primates palatii, aquellos
llamados a dirigir los ejércitos, como mencioné, la caballería jugaba un papel importantísimo
en el ejército godo, pero no hay que desmerecer
a la infantería y el tipo de armamento utilizado. Pero también cabe
destacar el uso de tropas romanas e hispanorromanas, los cuales, en ocasiones actuarían
como Duces, es decir, como generales.
Ante esta situación de la guerra
como actividad del pueblo godo ¿Qué papel jugaba el rey en todo esto? “La
principal misión temporal de la realeza era la dirección del ejército, es
decir, del pueblo en su totalidad reunido para el ataque” (Duby, 1976,
págs. 61-62)
Esto colocaba al rey al frente de los ejércitos
dirigiendo de forma personal las campañas militares. Pero también era común ver
como el rey delegaba estas funciones en generales, Duces, destacados o bien en
su asociado al poder, su Consor regni. Esta delegación del poder
para algunas campañas militares, resulta ser una tradición romana heredada.
Siguiendo con elementos heredados
de los romanos por parte de los visigodos, encontramos celebraciones y ritos más
propios de romanos que de germanos. Un caso de esto sería la ceremonia del
Triunfo, una celebración de la victoria. Aunque desprovistas de su carácter pagano, las celebraciones del
triunfo en época visigoda adquieren el mismo carácter de exaltación del
vencedor de la contienda, donde se expone al vencedor ante el pueblo que asiste
alegre al retorno del rey vencedor. Los visigodos reprodujeron la ceremonia
después o al término de sus campañas y
victorias militares.
Esta ceremonia no dejaba de tener
semejanzas con las realizadas en Constantinopla
para celebrar las victorias de los emperadores Orientales. En esta ceremonia de
carácter público la celebración del triunfo conllevaba prestigio y se resume en un acto de exaltación
y afianzamiento de legitimación del rey.
Un ejemplo de esto, lo tendríamos tras el asesinato de Ataulfo, cuando
Singerico se convirtió en rey. Y aunque de efímero reinado, una semana, le dio
tiempo a realizar una humillación sobre la viuda del rey, Gala Placida, a la
que obligó a ir delante del caballo durante un largo trayecto junto al resto de
prisioneros, y a la vista de todos; lo que le daría a la procesión las características
de un procesión triunfal romana.
Bibliografía
Arce, J.
(2011). Esperando a los árabes. Los visigodos en Hispania (507-711).
Madrid: Marcial Pons, Ediciones de Historia S.A.
Duby, G. (1976). Guerreros y Campesinos:
Desarrollo inicial de la economía Europea (500-1200). Siglo XXI.
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